Sonido Craneal – Pensamientos Diversos Vol 2: El Fandom

Buena canción, por cierto.

¿Es culpa del internet? ¿Siempre fue así? ¿Que los lleva a tal nivel de obsesión y atención?

Sin querer decir que ser aficionado e invertir tiempo, energía y pasión por algún producto (fílmico, musical, audiovisual) ó alguna persona (artista, deportista, etcétera) es inherentemente malo, definitivamente, en la era de las redes sociales surgen más cuestionantes y argumentos en contra que a favor.

No es tampoco un tema de época y no pretendo asumir que sí: ¿Qué tan relevante fue el factor de la Beatlemania en el retiro de The Beatles de los escenarios en el apogeo de su carrera? Pero hoy, con toda la información, detalles y opiniones al alcance, es más fácil ver que existe una singular y cuestionable cultura alrededor de ser ‘fan’ de algo.

Empecemos por la definición, cito: aficionado es alguien “que gusta de hacer una cosa o tiene interés por ella”. Sencillo, simple. Importante recalcar que claramente se distingue de otras actividades de la vida cotidiana, como profesión o oficio, e incluso el estudio. La pregunta general es: ¿Qué lleva a un aficionado a darle tal importancia al objeto de su afición que recurren a violencia (verbal ó física) para defenderlo ó a actitudes discriminantes y ofensivas contra cierta persona o creador? Muchas cosas se me vienen a la mente: las barras del fútbol, el Gamergate, los ‘stans’, el sinfin de cuentas fan que encuentras al buscar a una celebridad en cierta red social. Todas tienen un lado negativo, unas más intensas y dañinas que otras pero la pregunta se mantiene: ¿por qué?

Analizaré por partes. Primero, los productos. Música, series, cómics, películas, videojuegos, anime, manga, libros, historias e ideas expresadas en un montón de medios, y todas aquellas creaciones con cierto nivel de distribución masiva. Esta es, siendo estrictos, la más entendible y la menos relevante de las expresiones del ‘fandom‘. Sí, eventos enormes como el Comic-Con o los festivales existen gracias a esa cultura, y bueno, no puedo dejar pasar que se han convertido en el enfoque principal de un montón de empresas y figuras capitalistas. Pero la forma en la que han explotado esos medios (a costa de diluirlos) por el bien de la ganancia no es tema de este artículo.

Hay un tema notable reciente que me gustaría usar de ejemplo: The Last of Us. Un juego lanzado hace 10 años que tiene tal impacto que apenas el año pasado se estrenó una serie de alto presupuesto en un servicio de streaming de alta remuneración basada en él. Es un hit. Millones de espectadores, una amplia discusión acerca de sus temas, protagonistas y adaptación. Segunda temporada asegurada. La adaptación permite hacer un análisis más profundo ya que una de las mas notables discusiones sobre trabajos de ficción adaptados en televisión o cine es la adaptación en sí, sus beneficios y limitaciones. Pero el juego ya era material de controversia gracias al lanzamiento de su segunda parte.

Filtraciones de su historia generaron extremo disgusto por parte de los ‘aficionados’ del juego, quiénes sin tener conocimiento real de la intención del juego completo y sin siquiera haberlo jugado, ya estaban atacando a los creadores y desarrolladores por un problema, y hago énfasis en esta parte, inventado por ellos mismos. Aun más preocupante fue que este disgusto formó parte de lo que se conoció como el Gamergate: una gran cantidad de personas sin asociación alguna mostrando animadversión y hasta odio, recurriendo a acoso y ciberataques enardecidos por el cuestionamiento por parte de mujeres hacia por qué la industria de los videojuegos es sexista. El sexismo y homofobia evidentes en dichas expresiones de disgusto eran increíbles y totalmente injustificadas. Más aún porque uno de sus principales argumentos era que los juegos mejor recibidos eran aquellos que tenían más carga de conciencia social, disminuyendo así la ‘calidad’ de juegos más notables y tradicionales. Dicha ‘disminución’ en la calidad era una simple percepción basada en la relación expectativas/realidad. Sí, como el meme.

La simple existencia de dicho evento es evidencia de que el fandom llega muy lejos y a su vez de que este se ve infiltrado por personas que promueven odio a ciertos sectores de la sociedad, lo cual discretamente se ha permitido en la industria. Un extremo que es menos raro de lo que debería.

The Last of Us es uno de mis juegos favoritos. En general. Y aunque no me considero gamer, he jugado lo suficiente como para decir que además, es un excelente juego, en muchos sentidos. No he terminado el segundo, pero lo que llevo ha sido grandioso, igual de trepidante, emocionante y violento que el primero. Violento es una palabra clave aquí. La mayoría de las publicaciones profesionales de crítica, mencionan que una de las partes más controversiales del juego es la violencia, algo no nuevo, pero más notable. En ningún momento se cuestiona el desarrollo narrativo, que por más sorpresivo, y al principio desequilibrante, traza una línea. Al ser considerado en general ya un arte, los videojuegos tendrían que analizarse desde ese punto de vista: expresión, intención, ejecución. A su vez, tendríamos que considerar que hay una interacción mas profunda con ellos que con otras artes y la interpretación es un factor aun mas relevante. Sin embargo, y esto es universal, en mi opinión no deberíamos asumir que nuestra interpretación es sin cuestionamiento la intención del creador y mucho menos la interpretación en general.

Lanzándote a Twitter te das cuenta que es muy fácil poner en unos cuantos caracteres lo que nosotros creemos que es verdad y asumirlo como absoluto. Esto aun antes de hacer un ataque o aseveración dañina en particular. Y cuando se trate de música, películas, libros, cómics, series y videojuegos, mucho menos podemos decir que algo es absolutamente bueno o absolutamente malo. Pero la visión de los fans se nubla en este sentido, dejando así únicamente sus pensamientos como los más relevantes. Es por esto que no lo tengo claro. Es aquí donde digo ¿por qué? No te gustó, ¿de qué sirve el ataque? No te gustó, ¿es realmente malo por ello? No te gustó, y dejaste de ser aficionado, ¿Qué tan relevante puede ser eso en tu vida? Parecería que se juegan la vida (broma intencional) al establecer que algo no les gustó. ¡Está bien! ¿Pero y eso que importa para las personas a las que sí?

[Les dejo más información sobre el Gamergate].

La segunda parte es la cultura de la celebridad: Ni me acuerdo cuantos años teníamos, pero un día un primo y yo gastamos las últimas 3 horas de un fin de semana juntos discutiendo airadamente sobre Lionel Messi vs Cristiano Ronaldo (para los interesados: yo Messi, el Ronaldo). Recordándolo me parece realmente estúpido. Pudimos haber usado ese tiempo para jugar futbol, algo que ambos disfrutamos, en vez de hacernos de líos sobre dos personas que bien pueden vivir sin nuestra admiración. Realmente estábamos enojados, y no me enorgullece decir que eso era común en mi vida en el internet en mi adolescencia. Quien sabe qué tipo de personas estaban detrás de sus computadoras mientras yo discutía con ellos sobre Lionel (a quien admiro) o sobre el odio al América (club al que apoyo).

Esta parte de la cultura del fandom es la más relevante y la menos entendible. El escrutinio sobre el que artistas, deportistas, actores, actrices, cantantes y hasta celebridades que solo son eso, es abrumador. Y si ya de por sí los medios lo exacerban, centenas de miles y hasta millones de personas en redes lo hacen inconcebible. Pero existe. Los tabloides de antaño ahora son reels; Tiktok se ha convertido en el nuevo Ventaneando. (Hago una pausa para lamentar que a pesar de todo, Ventaneando y los tabloides y revistas de farándula, áun existen).

Muchas veces leo y veo todo esto y me pregunto ¿Cuándo se nos olvidó que son personas? Algo que tiene impacto en dos sentidos: uno en respetar ese hecho para darles su espacio y segundo para no asumir que lo que ellos hacen, dicen o viven tienen influencia alguna sobre nosotros. ¿Hay realmente una métrica para saber qué te convierte en celebridad? Solía creer que sí, y es una larga lista: talento actoral, capacidad musical, habilidad deportiva; incluso, ni modo, altas cantidades de dinero. Ya incluso hice las paces con el hecho de que ya hay personas que son celebridades porque sí, porque quisieron serlo y buscaron maneras. Ahora es mucho más fácil. Por más que el fenómeno comenzó con personas que tenían cierto valor que aportar, cada vez hay más personas que se convierten en influencers solo porque eso quieren ser y no como un producto de algo que ya hacían.

No tengo nada en contra de los ídolos, de todos aquellos humanos que destacan y que aportan algo valioso, o que sobresalen por múltiples razones. Estoy en contra de los que tienen este ‘estatus’ por razones insignificantes, minimizantes y muchas veces (válgame) crueles o firmemente malas. Por ejemplo ¿quien es Kim Kardashian? ¿Cuántos saben que su fama se dió a costa de ser amiga de la hija de un magnate hotelero y descender del abogado y amigo de un presunto asesino? Sin contar su posterior video sexual y casamiento con un notable rapero (ahora abiertamente antisemita), la fama de Kardashian y sus hermanas y su madre y subsecuente descendencia, existe por el bien de si misma. Una fama manufacturada, me gustaría decir. Esto en sí no es culpa de los fans, pero definitivamente consumir sus ‘productos’ aporta al crecimiento de este tipo de celebridades y a que ellas mismas se sientan relevantes.

Aquí llego a una reflexión: No tengo en nada de contra de Kim Kardashian, la persona. ¿Qué tiene que ver que OJ solicitó a un amigo suyo para ayudarle a salir inocente de un juicio en el que (se dice) era evidentemente culpable? ¿Qué tal si ella y Paris Hilton eran realmente amigas? (Ni me pregunten que es de eso). Es justamente la cultura de la celebridad (en este caso autoimpuesta, digamos) la que nubla cualquier percepción de quien realmente es la persona.

Volviendo al tema de la idolatría o la admiración por alguien que ha aportado algo, tal vez no en general, pero a tu vida: está bien. Nunca ha sido malo demostrarlo, expresarlo y sobre todo, sentirlo. Yo mismo lo hago a cada rato en este blog y no es raro el preguntarme porque si algo sucede con ellos me afecta. Sin embargo, aquí llegamos a la encrucijada de hasta que punto los fanáticos invaden las vidas de las celebridades y se dejan invadir por su influencia, al grado de perder la conciencia de quienes son, y a veces hasta la razón de la admiración.

Esta cultura ha permeado otros ámbitos sociales. Sin entrar en detalles, únicamente es necesario el mencionar como políticos se convierten en influencers (y viceversa) y como, tanto profesionistas y pseudo-profesionistas, interactúan más via Twitter (ahora X, gracias a otra celebridad) que lo que nunca harían en consultorios u oficinas. Esto puede llegar a ser muy delicado y tener consecuencias graves, y a veces podría parecer que: así como a los paparazzis no les preocupaba poner en riesgo su vida por capturar a una celebridad, el internet ha permitido que sean los mismos fans quienes asuman ese rol, acosta de lo que sea.

Un buen estudio de caso es Taylor Swift. Me asombra realmente el fenómeno que es la cantautora, quién en materia de su arte y su directa intención de servir a su base de aficionados, ha logrado que se creen debates interminables acerca de sus quehaceres. Swift tiene talento, ya no solo como artista y compositora si no también como animadora la cual organiza eventos masivos y los domina sin chistar, y quién es objeto de escrutinio excesivo por los medios y los fans. No es desconocido que un porcentaje de su base de aficionados puede llegar a ser extremista y es bien sabido que muchos la tienen bajo la lupa.

Es importante resaltar que a pesar de ciertos extremos, sus admiradores y admiradoras han creado una comunidad alrededor de lo más importante: su música. Yo he sentido eso mismo en conciertos de mis artistas favoritos o en partidos de futbol. Pienso que, a momentos eso parecería ser el tema crucial de admirar a alguien: compartirlo. Lo que sigo sin entender es como se convirtió en una obsesión tal que hasta provoca violencia. Y lo más decepcionante es que no parece que vaya a disminuir pronto. Y veo muy valioso el analizar también, al tener semejantes plataformas, las decisiones y acciones de los famosos y celebridades, sobre todo en el inhóspito e injusto mundo en el que vivimos.

Aún no entiendo por qué sigue habiendo un alto nivel de expectativa y admiración sobre Kanye West, alguien que ha demostrado no ser digno de ello y disfruta el ser desagradable por el bien de la atención. Y sobre Taylor, parecería a veces que cierto sector de su base de aficionados cree que es defendible a toda costa, todo lo que hace está bien. (Curioso que estos dos han tenido importantes fricciones en los últimos años) Entonces, ¿hasta que punto consideramos que la celebridad es una persona? ¿Dónde separamos su trabajo de sus acciones y decisiones? Y todo esto, ¿Cómo en verdad nos afecta? En la actualidad, el fandom es algo que debe ser repensado y debemos darnos cuenta que sus efectos negativos están teniendo más impacto, minimizando el simple hecho de admirar algo o alguien, disfrutarlo y compartirlo.


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