LUX de Rosalía – Reseña

Columbia – 2025

Con frecuencia me pregunto cómo hemos llegado a aceptar la música clásica como el precursor más importante (y a veces el único) de la música popular en la actualidad. La música clásica en sí misma, aún existe, y en su mayor parte moderniza las normas y sonidos establecidos de los famosos compositores de los períodos barroco, clásico y romántico. Irónicamente, esta música casi nunca sirve de base para la música popular: me refiero a todo lo que comenzó a principios del siglo XX y que evolucionó hacia el jazz, el blues, el rock, el soul, el R&B, el pop, el hip-hop, la música electrónica y todos sus derivados. Por lo tanto, en el ámbito de la música popular actual, incorporar a la producción creativa composiciones que ahora se consideran música clásica suele ser, en general, muy elogiado.

En realidad, no asumo que esta fuera la intención directa de Rosalía con LUX, su cuarto y más ambicioso álbum. Por supuesto, su interpretación vocal ya revela su sólida formación en música clásica. Su álbum revelación, El Mal Querer (2018), fue una fascinante modernización del flamenco, clara muestra de su enfoque musical, que podría definirse como pop. Motomami (2022), predecesor de LUX, representó un ligero desafío a su formación musical, sustituyendo los ritmos e interpretaciones tradicionales españolas por reguetón, influencias de hip-hop y una producción electropop vanguardista. LUX es ahora su álbum más contundente, intencionalmente grandioso, como si intentara, una vez más, desafiar cualquier percepción sobre su obra y su talento musical.

El álbum abre con “Sexo, Violencia y Llantas”, un título que habría encajado perfectamente en Motomami. Es excelente como la presentación de la tesis del álbum, tanto musical como narrativamente. Su voz clásicamente entrenada y suaves pianos, se combinan con zumbantes bajos que enmarcan la discusión entre lo terrenal y lo divino, un tema que entrelaza los 4 “movimientos” del album. Esta estructura no es tan obvia con una simple escucha, aunque después de varias visitas, la cohesión entre sus movimientos es notable. Los números que siguen a la primera canción, “Reliquia” y “Divinize”, mantienen la sensibilidad de una producción profunda, centrada en la voz de Rosalía, con una composición relativamente amorfa.

“Divinize” en particular es el primer gran tema del álbum. Cantada en catalán e inglés, es increíble como su estructura e instrumentación, aunque contemporánea en comparación con muchos otros momentos del álbum, resulta perfecta para la discusión de la divinidad y como Rosalía se pone como objeto de divinización. Estéticamente combina con el siguiente tema: “Porcelana”. Un tema más oscuro, que incluye un pasaje en japonés, con producción neo-noir que combina sintetizadores y cuerdas es también un gran momento.

Si hay algo que caracteriza a LUX es su ambición en todos los frentes. Para el momento al que llegamos a la quinta canción, “Mio Cristo Piange Diamanti” (cantada toda en italiano), Rosalía ya nos relató su historia en cinco idiomas diferentes, y faltan aún otros 9. Musicalmente, “Mio Cristo” es también una síntesis de la ambición de LUX: un número completamente clásico, la cantante sacando su lado más operático acompañada casi exclusivamente por la Orquesta Sinfónica de Londres. Es realmente un número digno de una ópera, no es difícil imaginarse a la cantante en medio de un escenario oscuro iluminada por un sólo foco.

Aquí llegamos a “Berghain”, el único sencillo que precedió a LUX el cual conecta sin problemas con “Mio Cristo” abriendo el siguiente movimiento. 50% cantada en alemán, el tema suma a Björk e Yves Tumor para una canción de pop de cámara implacable, aunque breve, que incluye a la Orquesta Sinfónica de Londres, un coro completo y una coda amorfa. No hay una conexión obvia con el club berlinés que comparte el título de la canción; la letra es más bien un estudio sobre cómo lidiar con la proyección de los propios sentimientos en otra persona. En ese sentido, es toda una experiencia. En sus menos de 3 minutos, evoluciona abrumadoramente bastante. La inclusión de Björk e Yves Tumor es creativamente excitante, por más que quede la sensación de que sus respectivas participaciones son efímeras. Sin duda alguna estaba planteada como la pieza central.

El otro pilar ambicioso del álbum es la cantidad de elementos e ideas plasmados durante sus 49 minutos. La orquesta, los coros, los sintetizadores, la estructura, los invitados, los idiomas; en una sola escucha no alcanzas a abarcar todo lo que LUX expone. Debo destacar aquí que la versión en streaming es más corta que en versiones físicas. No es menos que emocionante ver que más nos pueden mostrar esas 3 canciones adicionales, pero es difícil aseverar que LUX no es suficiente como existe en el internet.

Y eso también está sostenido en sus números más inmediatos y movidos como “Dios es Un Stalker”, “De Madrugá” y “La Perla”. Esta última sobre todo es una de mis favoritas de todo el álbum. Está compuesta en ritmo de vals, o ranchera más bien, tomando en cuenta la participación de Yahritza y Su Esencia, un trío que se especializa en una versión más urbana del género tradicional mexicano. La cantidad exhorbitante de analogías para un hombre que en resumen es un cabrón es muy entretenida y endiabladamente pegadiza. Un chun-ta-ta para un “terrorista emocional”; no está de más que la especulación de quién es la “red-flag andante” ha causado revuelo en las redes sociales. Su composición ecléctica y la inclusión de orquesta en la coda, la hace aún más memorable.

Realmente puedo seguir escribiendo enunciados, desmenuzando y deduciendo las intenciones detrás de muchos de los números. Primero, tendría que tener el traductor abierto para los siguientes números donde encuentras francés, árabe, portugués, hebreo y latín. Y, segundo, no puedo más que recomendar que lo experimenten, de preferencia, si pueden, en unos buenos audífonos o un sistema de audio. LUX, por más sobrecogedor que es, permite la total inmersión; Rosalía, aún después de esta profunda declaración creativa, es una artista que tiene la sensibilidad pop que su audiencia y el panorama actual exigen. No sé si estoy inventando el término, pero se me ocurrió describir LUX como ópera-pop. Movimientos, narraciones que incorporan levemente elementos personales de la artista, música digna de un escenario, hasta números que demandan coreografía: si alguna vez le hacen un musical, pueden decir que aquí se planteó la idea.

Finalmente, seguiré sin asumir cuál era la intención de Rosalía al sostener LUX en un concepto artístico de divinidad, enaltecido por la utilización de formas musicales clásicas, dándole aun más centralidad a su temática. No puedo evitar pensar que LUX será mejor recibido por su esencia en círculos más exigentes (y pretenciosos) que, o no le habían puesto atención a la cantante catalana antes, o basaron su equivocado desdén en Motomami y su adopción de reguetón y dembow, después de expresarse a través de flamenco modernizado. Reflexionando un poco más, LUX, en un sentido creativo y de musicalidad, tampoco difiere tanto de Motomami, solo que Rosalía, con esfuerzo y visión, decidió cambiar el acercamiento y el estilo a la forma musical con la cual finalmente, le dió vida a los desafíos emocionales y cuestionamientos divinos plasmados en LUX. Honrando esto y dejándose llevar por su magnificencia, en 2025 (y la década de pasada), LUX es nada menos que un álbum imperdible.


Comments

One response to “LUX de Rosalía – Reseña”

  1. Y la vamos a ver… Tengo curiosidad de ver cómo plasma toda esta grandiosidad en el escenario y en vivo. Sin duda es un album que no te acabas en un par de escuchas. Qué puedo decir, es un genia. Creo que es mi top del año

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