De Todas Las Flores de Natalia Lafourcade – Reseña

Sony Music – 2022

A pesar de que lo que escuchamos de Natalia Lafourcade hoy en día se puede rastrear hasta sus primeros trabajos, por un momento parecía que sería otra historia. Para los millenials como yo por un momento fue una artista que parecía aislada, utilizando ideas alternativas de música para dar su propia visión del pop a principios de los 2000s. No hay mejor ejemplo que su canción ‘En el 2000’ que, no es por nada, pero escucharla ahora es interesante y entretenida, y su pseudo-rapeo levanta las cejas de cualquiera. Después de un tiempo sin música regresó en 2009 con Hu Hu Hu, precedido por el sencillo ‘Ella Es Bonita’, que sinceramente, antes de 2010, es la única canción que recuerdo de Natalia después de su hit mencionado anteriormente. Después de eso, todo cambiaría.

Motivada por expresar y homeanjear el folclor mexicano y la vasta herencia músical de éste, Natalia lanzó en 2012 Mujer Divina, un homenaje al compositor mexicano Agustín Lara, acompañada de algunos luminarios de la música contemporánea como Leon Larregui, Miguel Bosé, Devendra Banhart y Jorge Drexler. Éste álbum sería el génesis de la nueva etapa de Natalia Lafourcade, que continuaría con el exitoso y excelente Hasta La Raíz de 2015, para este escritor, el mejor álbum de su carrera (hasta ese momento). Una grabación en la que mostraría, sin aún embarcarse del todo, su intención con el homenaje de la música latina. Éste, en teoría, es el álbum predecesor de De Todas Las Flores, un álbum de canciones completamente escritas por Natalia que explora ritmos latinos e ideas de la región, con el toque singular de la cantautora.

Y sin embargo, en práctica no lo es. Y es importante notar lo que precede a De Todas Las Flores para explicar el contexto de éste, y destacar el tiempo invertido y el éxito de los trabajos precedentes. Primero, está su re-imaginación de canciones folclóricas mexicanas e incluyendo algunas brillantes de su propia creación en los dos volúmenes de Musas, una colaboración con el duo de guitarras Los Macorinos. Ámbos álbumes son excelentes, el homenaje es espléndido, y la producción lo eleva aún más. En los dos subsecuentes volúmenes, Un Canto Por México, el resultado es sólido, aunque significativamente menos impactante, volviéndose un poco monótono el reiterado uso de canciones suyas y folclóricas ya grabadas anteriormente.

De Todas Las Flores se enriquece de todo esto, y además, de un ambiente en el que Natalia decidió grabar sin influencia exterior o colaboración, creando así su álbum más íntimo, pero no por eso más simple. Trabajando con el productor Adán Jodorowsky y una banda pequeña, Natalia entrelaza ritmos ideas creando las canciones más evocativas de su carrera. El primer sencillo ‘De Todas Las Flores’ es una canción acústica suave y romántica. Natalia modifica su voz sutilmente desde graves en los versos, hasta los dulces agudos en los coros, creando una dinámica ideal para describir el duelo posterior al fin de una relación, haciendo alusión a lo poco que quedó.

El dinamismo y versatilidad de la banda que acompaña a Natalia le da una vida incandescente, puedo decir, a todo el álbum. Por ejemplo en la introducción solitaria de guitarra acústica en ‘Pasan los días’, canción que lentamente se va enriqueciendo de la base rítmica y dulces pianos, así como sonidos atmosféricos que enmarcan la nostalgia de lidiar con una cotidianidad que ha cambiado irremediablemente. En la siguiente canción, ‘Llévame Viento’, una balada amorfa, que en principio parece buscar imitar el mencionado elemento, con el conjunto de instrumentos cortejando influencias de jazz. La forma en la que ésta canción acaba, con un ritmo más definido pero sin perder su indefinido carácter es fascinante. Esta naturaleza creciente y transformativa es común en varias canciones en ésta grabación, y la forma en la que se alargan, sostenidas en la voz de Natalia, mantienen el flujo musical sólido y a su vez, lleno de sorpresas.

Invitando los ritmos que tanto homenajeó en el pasado, De Todas Las Flores no se queda corto en canciones bailables y vivaces. Está ‘María la Curandera’, que con su gentil ritmo bien puede lograr curarte, así como Natalia te invita en sus versos. Con una base sencilla, la banda no evita añadir pasajes instrumentales varios y sorpresivos: desde unos acordes de guitarra eléctricos agudos, instrumentos de aliento, y un piano serpenteante. Esta canción añade armonías vocales que únicamente la hacen más adictiva y curadora. El coro que acompaña a Natalia parece ser su propia voz en eco, por más que se perciben tan independientes y volátiles como la cantautora tiende a ser. Esto es así también en ‘Mi Manera de Querer’, que con sus influencias de bossa nova y jazz latino, te abraza así como te mueve. La letra es Natalia Lafourcade en esencia: “No me importa si eres hombre o si eres mujer/Yo te veo como un ser de luz de cabeza a los pies”, e inevitablemente te ves abrazado por ese cariño.

No he podido evitar notar que a Natalia le gusta usar diminutivos. Como queriendo hacer énfasis en que por más que haya cosas pequeñas, todas pueden tener un significado superior. Ó, como para querer demostrar que no necesitas tanto para expresar tus sentimientos. Aún así, también los usa en sustantivos, y esto le da textura a su composición. Una de las mejores y más profundas canciones del álbum es ‘Pajarito colibrí’. Una balada atmosférica llena de la imaginación y vibrante descripción del mundo de Natalia, la cual, a momentos, parece estar cantándose a sí misma: “Todo va a estar bien, pajarito colibrí/Tú llegaste al mundo para ser feliz”. Una canción tan etérea que no parecería motivacional, áun así encuentra en su instrumentación las formas de atraparte y hacerte saber que en efecto, todo va a estar bien.

Finalmente, así como es cautivador, De Todas Las Flores es satisfactorio. Es largo, las canciones en su mayoría se inclinan por florecer lentamente. Puedes perderte en ellas con facilidad, a sabiendas de que a la vuelta de la esquina te espera otra sorpresa. Nunca más evidente que en ‘Muerte’, que comienza con Natalia recitando en un registro bajo actuando, pareciera, como La Parca misma. El coro te regresa a la vida, pero en realidad nunca la dejaste. Durante la canción Natalia relata que ese inevitable destino, la inminente muerte, le dio vida y le permitió disfrutar y agradecer la misma. La cacofonía instrumental en su coda, y los apremiantes cuasi-alaridos de Natalia parecen una despedida de festival, adecuado para agradecerle a la muerte el enseñarte a vivir. Este sentimiento, el de aprender a abrazar lo que experimentamos día con día a pesar del dolor y la duda, permea toda la grabación, como si Natalia haya encontrado durante los últimos años de incertidumbre el ancla que necesita no sólo para escribir si no también para vivir. Que se haya canalizado en su mejor álbum es algo de lo que podemos estar agradecidos todos aquellos que la hemos seguido en su sobresaliente viaje.

Palmeras cañaverales, las playas de Veracruz
Le dieron fuerza a la luz que había perdido a raudales
En polvo de minerales y estrellas, me convertí
Y el cielo que descubrí hoy me deslumbra de vida


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