
Quiero empezar este pequeño texto con una advertencia: soy un novato en cuanto a apreciar un espectáculo de música electrónica, sesiones de DJ, raves y similares. Mi primera interacción fue el año pasado cuando vi a Floating Points (alias Sam Shepherd) en un festival de música donde sus ritmos se centraban más en hacer bailar a la gente; fue genial. Más tarde, en ese mismo evento, vi a Four Tet (alias Kieran Hebden), quien se convirtió en uno de mis artistas de música electrónica predilectos en los últimos años. Su set fue bueno en general, aunque no aprecié del todo su dependencia de los beat-drops y los temas de club basados en samples, que en cualquier caso estaban hábilmente mezclados y eran disfrutables. Autechre no fue nada parecido.
El contexto ya era algo que no se ve todos los días, sobre todo considerando que era su primera presentación en Latinoamérica. El concierto del domingo por la noche se realizó en completa oscuridad; solo una luz de neón azul entraba por la puerta del recinto, que supongo estaba abierta por razones de seguridad. Se podían ver las dos figuras fantasmales de Sean Booth y Rob Brown iluminadas por las tenues luces de sus equipos, lo que hacía que su presencia fuera mucho más etérea. La mayoría de la gente vestía de negro y muchos llevaban rompevientos, algo común en esta escena musical. La entrada estaba iluminada únicamente con luces de neón, con pequeñas mesas que vendían mercancía y una barra. Como es habitual en los conciertos en México, personas paseaban vendiendo cerveza, agua y refrescos. [La cerveza era artesanal del estado de Colima, una grata sorpresa. Y vendían IPAs, lo cual me pareció gracioso porque, claro que a la gente con este gusto musical también le gustan las IPAs].
Y ahora, al evento. Sí, se necesita un cierto gusto musical. Y, yendo más allá, se necesita interés por una experiencia musical específica. Mi novia comentó que se sentía raro no ver a la gente tocando instrumentos, digamos, interpretando la música. Esto, por supuesto, ocurre en cualquier concierto de música electrónica, pero no poder ver a Autechre en persona y no tener otra referencia visual fue, como mínimo, desequilibrante. La música hablaba por sí sola, y vaya si lo hizo. El alto volumen era un requisito indispensable para el espectáculo, y se les dieron auriculares a los asistentes para evitar situaciones incómodas, pero si me quitaba uno, el aplomo del sonido era innegable.
Había gente bailando; un cierto movimiento aleatorio de extremidades y cabeza, al menos, porque no había un ritmo que marcara los pasos, en mi opinión. Autechre construyó la mezcla basándose en una cacofonía de bombos que parecía aleatoria, y además añadían los sonidos que formaban la capa superior del set, los cuales parecían hechos al instante. Y llego a mi primera conclusión: sí, se están haciendo al instante. Entiendo que esta mezcla no se reproducirá así en ningún otro concierto de Autechre, ni en esta gira ni en general. Quién sabe si siquiera hicieron referencia a alguna de sus grabaciones; mi experiencia con su material se limita ahora mismo a sus primeros álbumes, que, por cierto, son excelentes. Pero este aura efímera que se da a sus presentaciones sin duda le da mucho más signficado a todo. Al final, la gente que parecía más acostumbrada a este tipo de conciertos lo estaba disfrutando muchísimo, por lo que pude ver con la tenue luz azul que iluminaba rostros y cuerpos.
La música de Autechre es implacable, poderosa. Un ataque incesante de hora y media a los sentidos que vi que algunos en Twitter describen como “trance”. El volumen hace que los ritmos te recorran el cuerpo, algo que supongo que es intencional. Es incluso agotador, considerando que la mayoría de las veces los sonidos son solo tensión, y ni siquiera las notas monótonas que ahogan el concierto en su coda aportan algún tipo de resolución. Los cambios a lo largo del set ayudan a hacerlo propulsivo, y hubo momentos en los que sí era más fácil engancharte, los cuales desaparecían en corto tiempo.
Cuando todos empezaron a aplaudir al final, pensé que íbamos a ver a Booth y Brown al menos saludar o algo que conectara más allá de la música, pero no fue así. Después, se supone que uno debe irse a dormir y luego a trabajar el lunes. Supongo que algunos fueron a afters o al menos intentaron aguantar un poco más el shock que la combinación de esa música con algún tipo de estupefaciente pudo haber causado. (Un tipo incluso se desmayó y lo sacaron antes de que comenzara el set de Autechre).
Aquí llego a mi conclusión final: ¿lo disfruté? Sí. ¿Me habría abstenido de ir sabiendo en qué me estaba metiendo, teniendo en cuenta que compré las entradas principalmente motivado por el estrés inducido por el FOMO de ver a un acto legendario de IDM y techno que empecé a escuchar hace menos de dos años? Quizás.
Aprendí mucho sobre música en un concierto de hora y media de Autechre en una gran bodega que usan como estudio en algún lugar del norte de la Ciudad de México. Esta es música marginal; así es como suena la música cuando la llevas activa y creativamente a sus fronteras. Creo que me habría cautivado mucho más si los decibles hubieran bajado un poco, además considero que el uso de tapones también afecta la percpeción de todo lo que tienes que escuchar simultáneamente (claro que hay soluciones para eso en línea). Pero eso es solo sobre la forma en la que mis sentidos interactuaron con la música. La alucinante presentación en sí misma vale la pena. En la incesante exploración del mundo musical, es aún más valioso salirte completamente de algún límite establecido de vez en cuando y sobre todo si lo haces sin algun conocimiento previo. De la oscuridad apremiante (literal y metafórica) en la que experimenté a Autechre, salí más iluminado.


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