
No tienes derecho a estar deprimido. No te has esforzado lo suficiente para que te guste.
¿Qué estaba haciendo en mayo en 2016? Antepenúltimo semestre de la carrera, la amenaza de hacer prácticas para después trabajar acercándose lentamente. Creo que estaba algo deprimido, o eso decía mi madre. No encontraba la manera de motivarme para hacer algo fuera de estudiar, dar clases de piano y jugar videojuegos. O bueno, ni siquiera estaba jugando videojuegos de verdad. Al final, no estaba lanzando el trabajo más esencial de mi carrera musical iniciada casi exclusivamente en Bandcamp.
No tengo fuerzas (No tengo tiempo) Me serví una copa (Me mentí) Sabes que me he preocupado (Sabes que lo he intentado) ¿Acaso no sabes que no soy fuerte?
Mi banda estaba por terminar. Nada malo. Mauricio se fue a probar suerte al gabacho, siguiendo firmemente sus sueños. Supongo que yo no tenía la valentía…no era el sueño, no era abandonar la zona de confort, era otra cosa. Había entrado a esa carrera con una intención, pero al cuarto año, esta ya no era clara.
Es más de lo que esperabas, pero es un poco menos de lo que pagaste
Tenía buenas reseñas, y lo puse. Según yo ya estaba empezando a abandonar ese indie rock de guitarrazos que había ocupado mís días prácticamente desde la secundaria. No tenía idea de lo tanto que me gustaría, lo nombré el número uno de la pequeña lista que hacía a fin de año en Facebook. Eso me estaba gustando, era el cuarto año consecutivo que lo hacía. ¿Y si escribo?
Sí, simplemente, simplemente, simplemente, simplemente nos adaptamos a los estilos modernos.
Lo interesante era lo mucho que me identificaba. ¡Y el compositor tenía 23 años! Solo un año mayor que yo. Rara vez me encontraba con un nuevo lanzamiento de alguien que podría entenderse conmigo. Bueno, definitivamente mi inclinación por los estupefacientes era nula en comparación, apenas y alcanzaba pa’ las tecates. ¿Salía de fiesta? Sí, creo que sí. Fuera de la bolita que se había empezado a construir ya unos 3 años antes, buscaba convivir con la gente de la universidad, solo que siempre salían en jueves, por los foráneos.
Solo tengo preguntas
Necesito respuestas, eso me llenaría
¡Sé cuándo me están tratando con condescendencia!
¡No me conformaré con el mínimo común denominador!
Creo que sí me ejercitaba. Mi joven delgadez, la cual hasta llegó a mantenerme debajo de un peso ideal para mi estatura, aún reinaba. Jugaba futbol, seguro. Esperaba con ansias el nuevo álbum de Radiohead, su regreso después de 5 años. Y pensar que ya pasaron otros 10. Pero este me gustó más, sí, algo más. Ah espera, ¡fuimos a la playa! Y lo puse en el camino, por alguna razón mi hermana y mi papá se estaban aburriendo. Tal vez sí era la edad.
Me he convertido en una persona muy negativa.
Todo fue una actuación.
Todo se desmoronó con tanta facilidad.
Ahora que lo pienso, pasaron tantas cosas en el 2017 que el 2016 parece palidecer en comparación. Ni lo recuerdo tan bien. ¿Futbol con regularidad? 2017. ¿Primer trabajo en la industria? 2017. ¿Visitar los EUA de Trump? 2017. ¿Mi más reciente viaje a la playa? 2017. ¿Empezar a escribir en un blog sobre la música que me gusta? 2017. Conocí a una de mis mejores amigas, es verdad. Ese año fue el último recital de piano en el que toqué. ¿Sí, no?
No quería que escucharas ese temblor en mi voz, mi dolor es mío.
Mi primer crush de la universidad había sido un fracaso rotundo. Le dieron un beso en el cachete mientras hablaba con ella porque me felicitó por mi cumpleaños. ¿Que se supone que uno debe hacer con eso? ¿El segundo crush? Vino a la fiesta de disfraces y todo. Me ghosteó, dirían los chavos. Me acuerdo que una vez se puso medio rara la conversación, justo el día que me di cuenta que había perdido mi sudadera del Gran Cañón, nunca la encontré. Ah, no se creeaaannn, eso fue en 2015.
Yo iré al cielo. Tú no irás al cielo. Yo iré al cielo. No te veré allí
Mi visión política se empezaba a formar y también me empezaba a identificar con el hit de R.E.M. ¿Dios? Hace mucho que me había abandonado. Donald Trump presidente, ¿que tal? Peña Nieto al menos tenía una carrera política. Sabía ya que el mundo no estaba bien, el 2016 en particular fue revelador. Pero sí, este álbum era mi número uno, estaba seguro. Lo encontré en CD en la CDMX (aliteración no intencional). “intoxicado, jaja” dijo mi prima cuando leía las letras. Sí, intoxicado.
Pero ¿qué se suponía que debía hacer? ¿Cómo iba a saber usar un amplificador de bulbos? ¿Cómo iba a saber conducir una camioneta? ¿Cómo iba a saber andar en bicicleta sin lastimarme? ¿Cómo iba a saber prepararme la cena? ¿Cómo iba a saber mantener un trabajo? ¿Cómo iba a acordarme de llevarme mi mochila después de dejarla para jugar básquetbol?
Tren Motriz. Motores de Combustión Interna. Suspensión y Frenos. Dinámica Vehicular. ¡Ah sí! El profesor de esa última se fue a medio semestre. Después me lo encontraría trabajando para la misma empresa donde hice mis prácticas. ¿No se les hacen curiosas esas casualidades? Mi coche estaba bien. Creo que ese año fue el que me pegaron en la cajuela. No, sí, no, sí. Eso de la sudadera me recordó a la vez que perdí el enésimo suéter en la primaria.
Así que nos enfadamos y nos separamos. Ahora descargamos toda nuestra basura gratis. Es la nueva economía, no tenemos nada que ofrecer y dormimos sobre basura.
“The Ballad of Costa-Concordia” dura 13 minutos. Prog-rock millennial. No había una sola canción así en todo el año. Es una oda a la decadencia usando como metáfora un accidente de barco real. Sí, de barco. Pensé en “Jesus of Suburbia”, sólo que con más internet incrustado y menos delineador de ojos. La osadía de Will Toledo de desgarrarse entre guitarrazos y geniales melodías. Qué rolón verdaderamente.
«Sé que es mucho para recordar», dice la madre.
«Sé que es mucho para recordar», dice el padre.
Teens of Denial es un umbral y al mismo tiempo un recuerdo de una era pasada. Pienso que no he escuchado nada igual desde que salió, pero tal vez es una aseveración exagerada. La incertidumbre, la urgencia de expresar lo que sientes y la desorientación de la adultez joven sonarán como elementos universales, pero el punto es que Will Toledo los renderiza con su visión y los canaliza tan específicamente a través de su talentosa banda, que se vuelven aún más punzantes, distorsión y todo. A mi, me resonó demasiado. Peor aún considerando que uno de los personajes que utiliza se llama “Joe”. Al final, así como Teens of Denial me impulsó en un momento extraño de mi vida y me encuentra hoy feliz (dentro de lo que cabe), simplemente espero que Will Toledo también lo sea.

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