
¿Cuándo lo podemos decir? ¿En qué momento vale la pena hablar de ello? ¿Cómo hacemos sentido a las inconsistencias de la voz de los artistas? ¿Es realmente posible separar su arte de su ser?
A.C. Newman, vocalista y compositor de The New Pornographers puso en un tuit un pensamiento que parafraseado decía algo como: una vez que la música se graba, que el artista la comparte, deja de ser suya. Esta idea, algo romántica pero con la que concuerdo, podría fungir como el escudo mental que usemos al intentar disfrutar aquellos trabajos que amamos aún cuando sabemos que su creador es, por lo menos, controversial. Pienso que hay situaciones donde es obvio, donde cualquier tipo de apoyo a la obra de un artista ya se consideraría un patrocinio de ideas tóxicas, acciones deplorables o hasta demeritación de crímenes. R. Kelly, Diddy, Marilyn Manson, eso hablando de puros acusados formalmente. Hay otras donde la controversia radica en la visión sobre algún conflicto, problema social o temas históricamente sesgados, y quién sabe, aquel músico objeto de admiración puede tener el beneficio de la duda. En nuestros tiempos, hay un evento particular que para este escritor es más que claro: el genocidio palestino perpetuado por el estado de Israel.
Lean ustedes mismos la victimización melodramática de Sharona Katan, donde convenientemente establece que “el conflicto” inició el 7 de Octubre de 2023. La bandera de antisemitismo alzada en lo alto, como la aceitada máquina propagandista de Israel y sus súbidtos de las redes sociales. Lean también la tibia respuesta de Jonny Greenwood, esposo de Katan y guitarrista de Radiohead, escudándose en la “inclusión de culturas”, igualando a “la izquierda y la derecha” y rehusándose a aceptar los hechos documentados por periodistas internacionales, los cuales son masacrados por Netanyahu con toda su corte apoyándole. Su colega, Thom Yorke, por lo menos afirma su desdén por este régimen, sin aceptar que el conflicto no es reciente y que el aparato israelí lo comenzó y lo perpetúa, no importando quién esté al mando. Este último ya había confrontado al BDS (Boycott, Desinversiones y Sanciones, por sus siglas en inglés), y a una de sus más prominentes voces: Roger Waters, en 2017, un momento en el que los crímenes de Israel ya eran evidentes, 6 largos años antes de los ataques de Hamas.
Para este escritor, es difícil elogiar en estos momentos al aclamado quinteto, un acto prominente en la música alternativa del siglo que ha hecho música esencial por 30 años. Es aún más difícil hablar de A Moon Shaped Pool, su más reciente álbum de estudio lanzado hace 10 años, y que a momentos parecería que se encamina a ser el último, aunque justo dieron señales de vida el año pasado. Es un gran álbum, una exploración de texturas ad-hoc para la banda que sin embargo incluyó simultáneamente sus tendencias más dulces y más esotéricas. Y esta dificultad no se la podemos atribuir totalmente a las posturas actuales de dos de sus miembros, pero no esperamos que Colin, hermano de Jonny y actual bajista de Nick Cave & The Bad Seeds (Cave comparte una similar tibieza) se deslinde de tales posturas o que las inocuas expresiones de apoyo a Palestina de Ed O’Brien y Phil Selway sean suficientes. Además, está el historial anti-imperialista y anti-bélico de la banda, bien documentado, bien conocido y notablemente céntrico en el que es en este momento mi material preferido, Hail to the Thief de 2003.
Entonces, ¿debo dejar de un lado la urgencia de “Burn the Witch”, la dulzura de “Daydreaming” y el paisajismo de “Present Tense” porque Jonny la persona es mucho menos confrontativo que Jonny el músico y Yorke, intenso y dinámico en el escenario, resulta ser centrista en una situación completamente desigual? La realidad es que no tengo la respuesta. Quisiera hacerle caso a A.C. Newman, podría encontrar un punto medio. No ir a los conciertos, no hacer streaming, no comprar su música. Yo tengo el privilegio de haber adquirido varios de sus álbumes en físico y reproducirlos a perpetuidad en la comodidad de mi hogar sin generar algún beneficio extra para el grupo, pero y eso ¿Qué cambia? ¿Qué implica? Millones de personas seguirán usando Spotify, y tenemos evidencia reciente de que sus conciertos se venden como siempre. ¿Dónde está la línea entre mi propia calma y realmente alzar la voz por el pueblo palestino? Y aún más, ¿Qué son Yorke, Greenwood y Radiohead en el movimiento que denuncia las atrocidades que comete el estado israelí? ¿Podemos esperar que ellos sean un portavoz para la confirmación y denuncia de hechos que nos transmiten 24/7 directo a nuestro celular?
“Glass Eyes” encuentra a Yorke en un lugar espantoso, no sabe a donde seguir, tiene los ojos vidriosos, no confía en nada. Pero al final clama que “siente este amor hasta el núcleo”. Yo encuentro desequilibrante que tal melodía, tales emociones sean expresadas por alguien que se voltea y demerita la vida de miles de personas, porque están allá, porque son diferentes, porque creen en otro dios, porque no le afecta. Al final, el ser cuestionado y deslindarse de algo como este genocidio es una gran prueba contemporánea del desinterés que podemos llegar a demostrar por la vida. Porque es eso al final lo que está en juego, vidas, miles y millones de ellas. Por lo tanto: si has denunciado el accionar del imperialismo occidental, si has demostrado simpatía por movimientos de liberación, si la evidencia desborda de las pantallas, si eres cuestionado directamente, entonces sí, eres responsable de utilizar esa plataforma, porque si no, como mínimo te pierdes entre el ruido que niega la realidad. Este nunca ha sido y no es un momento de tibiezas y de una visión de “dos bandos”.
Si a Yorke le incomoda, si a Greenwood le molesta, si prefieren tácitamente aceptar que al régimen sionista e invasor solo se le demerita con una levantada de hombros entonces ¿a qué se refieren las siguientes letras en el tema ambientalista “The Numbers”?:
We call upon the people
The people have this power
The numbers don’t decide
The system is a lie
The river running dry
The wings of butterflies
And you may pour us away like soup
Like we’re pretty broken flowers
We’ll take back what is ours
Take back what is ours
¿O también van ignorar las catástrofes provocadas por EUA en Irán, también ambientales, a capricho de su títere, Israel? Cuando me frustro por encontrar a otra figura que admiro siendo pro-sionista o tibia en ese aspecto, siempre me pregunto: ¿Dónde está la línea? ¿Qué hace falta que los estados digan para finalmente denunciarlo? ¿Por qué el amor que tan bien expresan resulta selectivo? A Moon Shaped Pool es un gran álbum, pero me quedan pocas ganas de decirlo.

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