Rosalía en la Arena VFG – Reseña

En el mundo del pop mainstream existen diferentes escalas de popularidad, muy a pesar de que llega un punto donde, si las condiciones ideales se cumplen, cualquier artista se puede convertir en una estrella pop.

El término, para Rosalía, es ambiguo. Sus orígenes distan mucho de sus contemporáneas, y el núcleo de su talento, después de toda su parafernalia en el lanzamiento de Lux (2025), sigue siendo su voz. No que sea única en este aspecto, pero tanto en sus grabaciones como en el concierto del pasado 15 de Agosto en la arena VFG de Tlajomulco, Jalisco, a mi me parece su aspecto distintivo.

Tanto resuena su voz que es capaz de controlar a las miles de personas estando estática parada en puntas, estática detrás de un cuadro y simulando la Venus de Milo sobre un fondo negro. Fue un recurso muy común el utilizar la producción para enaltecer sus poses estáticas, especialmente en los temas de Lux.

Cuando le dije a Natalia que esta era la primera pop star como tal que veía, me corrigió: Chappell Roan en el Corona Capital, en una presentación que tiene similitudes con la de Rosalía en la influencia medieval: la primera en su castillo gótico y la segunda en su simbolismo católico. Y también Charli xcx, en un concierto minimalista en medio igualmente de un Corona Capital. En resumen, es verdad, y habría que ver a dichas artistas en conciertos completos para comparar, pero las diferencias son innegables.

No puedo evitar pensar que da placer escuchar un concierto de esta escala cantado en español. Eso sí, irónicamente es central en Lux la combinación de idiomas y Rosalía cantó todos los pasajes que corresponden en inglés, alemán, japonés, árabe, ucraniano y latín. Gran detalle que tiene una pantalla en la parte superior con la traducción al español. Entre canciones, incluso al principio, agradecía profundamente al público y se sorprendía de la algarabía provocada por su presencia; su comunicación, queda claro, no hubiera sido la misma si no fuera hispanohablante.

Lo único que lamento es la falta de un número de El Mal Querer (2018). Y si bien eso fue decepcionante para mí, claramente no lo fue para el montón de gente que llevaba velos, vestidos o algún elemento temático de color blanco en sus conjuntos. Ese uniforme tácito benefició la experiencia, añadiéndole más capas al sentido de ritual que tuvo todo el evento.

Rosalía se puede jactar de tener una discografía ecléctica. Sus influencias son amplias, sus colaboraciones aún más y su musica rara vez es estática. Más allá del logro neto creativo (o no) que puedan tener sus grabaciones, su concierto se beneficia ampliamente de una corriente interesante de estilos comandada por su personalidad y enmarcada por producción sencilla pero penetrante.

Rosalía es una estrella pop, sin lugar a dudas. Pero así como con la ambición de Lux o el descaro de Motomami, su concierto fue algo más; algo más que pop, algo más que flamenco, algo más que reguetón y el disfrute tenía que ser (casi literalmente) contenido por el recinto. Un ritual musical, eclesiástico y retumbante en igual medida.

Destacados:

  • La coda extendida de “Berghain” con techno apremiante, haciendo honor al club homónimo.
  • La transición de esta última a “Saoko” que resultó en gritos ensordecedores de la audiencia entera.
  • La interpretación de “CUUUUuuuuuute” desde una pequeña demarcación entre la gente. Señal de lo vanguardista que la artista puede ser.
  • Los momentos transitorios del evento, desde un “confesionario” con una cantante local hasta un sketch de los bailarines proyectado en las pantallas.
  • Negativamente: la Arena VFG no parece ideal para este tipo de concierto y audiencia sobretodo. También, llegar a la misma fue desgastante pero por suerte, fue altamente compensado.
La proyección de angelical fue ampliamente intencional pero…soportamos, dirían.

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