
Sufjan Stevens, nacido el 1 de Julio de 1975 en Detroit, Michigan fue recientemente diagnosticado con Síndrome de Guillian-Barre. Una enfermedad autoinmune que tiene un impacto severo en la movilidad de las extremidades. En una corta publicación en Instagram, Sufjan explicó que eso lo mantuvo fuera de cualquier promoción de su maravilloso décimo álbum (les anticipo). Después de un tratamiento con hospitalización, Stevens ya se encuentra en su casa y comenzará el proceso de recuperación física con terapia y tratamiento. Esto ciertamente lo alejará de cualquier promoción del álbum en los siguientes meses, pero eso, querido lector, es irrelevante. Lo que agradezco es que Sufjan Stevens seguirá con nosotros, y muy probablemente estando bien. Asumiría que incluso componiendo en esta adversidad porque si hay algo que Javelin demuestra, es que sigue siendo un artista sin igual y prolífico.
Creo que es importante notar que este es el primer álbum de Sufjan en un rato que no sale 5 años después del anterior. Una ‘racha’ que se cumple desde Illinois en 2005, pasando por The Age of Adz (2010), Carrie & Lowell (2015) y The Ascension (2020). No es desconocido que Sufjan se mantiene activo en los intervalos entre álbumes, más notablemente su grandiosa colaboración con Angelo de Augustine, A Begginer’s Mind de 2021. Pero es sorpresivo y más que bienvenido que el sucesor formal de The Ascension llegue en 2023. Y, el listado que recién hice es importante para esta reseña ya que Javelin, canción por canción, parece una mezcla homogénea y bien lograda de los sonidos de al menos los 5 álbumes previamente mencionados.
Sin embargo, Sufjan es muchas cosas, incluyendo impredecible. Y la carga melódica y conmovedora de muchas canciones en Javelin es sobresaliente y tienen su compenetración única. Un excelente ejemplo es la primer canción del álbum: ‘Goodbye Evergreen’, una melodiosa y repentinamente estruendosa oda a su pareja, quién recientemente falleció, esto confirmado por el mismo Sufjan via sus redes sociales. La canción no duda en usar su melodía, al principio gentil sobre acordes de piano moderados para atraer al escucha al duelo de Stevens sin embargo, la explosión con percusiones sonoras y elementos electrónicos dignos de The Ascension le dan a la canción una sensación de catarsis que hacer sentir aun más empatía por los sentimientos de Sufjan.
Javelin presenta muchas canciones con esta montaña rusa de emociones y sonidos. Muchas canciones de la grabación empiezan gentiles y crecen hasta envolverte en toda clase de instrumentación que puede incluir o no sonidos conocidos por cualquier fan de Sufjan Stevens. Uno de los mejores ejemplos es la grandiosa ‘Will Anybody Ever Love Me?’, en realidad una de las menos explosivas, el conjunto de instrumentación hacia el final es tan gratificante como interesante. Coros y armonías agudas, cuerdas, toques de sintetizadores, todo esto se acumula para dar énfasis al urgente cuestionamiento de Stevens sobre si alguien alguna vez lo amará por buenas razones, sin quejas y no ‘por deporte’. Me atrevería decir que es una de sus mejores canciones en la última década.
Su lado ‘folk’, con el que introduce sus canciones con sus característicos arpeggios de banjo ó sus progresiones de acordes con guitarra acústica le dan aún más textura a la grabación y las transiciones entre pista y pista. Pero la belleza de Javelin radica en la casi discreta manera en la que se va a agregando la demás instrumentación. Como en toda su música Stevens es detallista y meticuloso, pero en ningún momento abandona su sentir. ‘Everything That Rises’ acaba como empieza, tranquila y sutil, sin dejar de lado un momento de coloridas percusiones en el medio; ‘My Little Red Fox’ me llevó directo a las baladas más enigmáticas de ‘Seven Swans’ o ‘A Beginner’s Mind’, con su piano etéreo y sus pasajes instrumentales dignos de una banda sonora.
La canción más larga es ‘Shit Talk’ y es una de mis favoritas en todo el álbum. Es una de las más llamativas emocionalmente, Sufjan solemnemente declarando que siempre amará al sujeto de su afecto pero ya no puede verlo. Los versos están llenos de incertidumbre y el título no podría ser más adecuado, Sufjan hace énfasis en querer hablar claro, dejarse de rodeos e ir al grano. Así como la canción progresa, también los sentimientos de Sufjan, al final suplicando que lo sostengan firmemente o se caerá, cantando suavemente que simplemente ya no quiere pelear y reiterando su amor eterno. Es un tema expansivo y a la vez acogedor, pero la franqueza de su narrativa es desequilibrante simultáneamente.
De alguna manera, Sufjan Stevens ha condensado y remezclado ideas y pasajes presentes en casi toda su discografía, pero dejándose llevar por su avalancha de sentimientos, la cual hace que Javelin se mantenga caracterítistico y provoque la misma satisfacción musical que la mayoría de sus trabajos. Sufjan siempre ha sido un narrador sobresaliente y nunca me ha dejado de asombrar la forma en que a través de sus melodías en conjunto con sus palabras, expresa el duelo, el dolor y la pena. No quiero ni imaginar lo que corre por su cabeza al saberse en un proceso de recuperación arduo y gradual que lo alejará del escenario y probablemente del estudio, esto combinado con su reciente pérdida. Pero yo solo puedo desear que se recupere pronto y no sólo porque su arte es sumamente esencial, si no para que siga buscando aquello que lo haga feliz y sólo podemos agradecer ser parte de su búsqueda.

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