
La evolución del hip-hop es digna de admiración. Aunque su desarrollo puede ser homologado al de otros géneros populares con distribución masiva en la actualidad, lo que en mi opinión separa al hip-hop de otros géneros es que contra todo pronóstico, en su montón de formas y variantes mantiene una esencia que lo puede conectar con sus orígenes. La ejecución de dichas formas sí ha variado de tal forma que desde el fin de su época climática en los 90s, justo en ese momento en el que el género empezó a dominar ampliamente las listas de éxitos, las vertientes más alternativas y experimentales del género comenzaron su florecimiento.
Esto no ocurrió de la noche a la mañana, pero tampoco tardó. Y siempre tenemos ejemplos de los artistas que deciden estar a la vanguardia con tal de realizar sus visiones. Daniel Dumile, mejor conocido como MF DOOM fue uno de ellos. Sus versos graciosos, su personalidad enigmática y su inconfundible rapeo fueron mostrados al mundo con su primer lanzamiento en 1999. De ahí, Dumile armaría una prolífica carrera, escribiendo bajo diferentes pseudónimos, colaborando con diferentes artistas y productores y de alguna manera manteniendo su rap siempre incandescente. No es exagerado decir que su trabajo colaborativo más importante es Madvillainy, lanzado en conjunto con el laureado productor Madlib (Otis Jackson Jr.) como “Madvillain”, el cual cumplió 20 años el pasado 23 de Marzo.
Madvillainy presentó a Dumille y a Jackson en su apogeo. El primero como uno de los exponentes más relevantes de la escena independiente de hip-hop, el segundo como un artesano cotizado detrás de la mesa de grabación. La combinación, ampliamente alabada en el momento de su lanzamiento, sigue siendo considerada esencial en la música del silgo hasta el día de hoy. Esta de más decir que el álbum ha envejecido con gracia, y hasta se podría agregar que con el paso del tiempo su importancia e influencia solo son más evidentes. Cabe agregar que su portada es icónica representando a MF DOOM como el personaje enigmático que siempre lo caracterizó, imperturbable.
Madvillainy fluye sin poco esfuerzo por medio de viñetas, la mayoría debajo de los dos minutos, que gracias a los transformantes y coloridos ritmos, y los exhaustivos samples de Madlib resultan en un viaje enriquecedor el cual enaltece sus características como álbum de hip-hop sin dejar de ser vanguardista. Cuando recién lo escuché apenas hace 3 años, me esperaba algo más alienante, que pusiera más en juego la interacción con el álbum en primera instancia. Gracias a Madlib, Madvillainy es todo lo contrario. El álbum invita y engancha durante sus 46 minutos, desafiando las normas del hip-hop, sobretodo sus formas mainstream pero nunca separándose de ellas del todo.
MF DOOM es clave para el logro que Madvillainy representa. Sus versos siempre cambiantes y muchas veces sin tomarse en serio, hacen del álbum también un ejercicio divertido. Dumile se entrelaza con la producción y enfatiza su rapeo con líneas mordaces o simplemente con historias dignas de cualquier plática de un círculo rolando el toque. En los números más efímeros como ‘Bistro’ el resultado de este enfoque hace que la música se vuelva hasta esotérica, en momentos más terrenales como ‘Meat Grinder’, ambos artistas dan fe de su enlace al hip-hop alternativo, confirmando simultáneamente su singularidad. El álbum no está exento de números más firmes como ‘Money Folder’, que resulta un pivote en el viaje psicodélico que Madvillainy puede llegar a inducir. Además, el álbum se da el lujo de incluir algunos temas instrumentales los cuales resultan intrigantes sin interrumpir la corriente de brillante rapeo por parte de MF DOOM.
La realidad es que Madvillainy se debe experimentar. Hay pocas cosas que se pueden decir en esta reseña que de verdad hagan justicia a lo que se espera. La entrega de MF DOOM es única, aun en su discografía, nunca “subiendo” su voz, incluyendo rimas sencillas pero sobresalientes y un gran conjunto de versos. La producción se siente a momentos como un programa de televisión, interrumpido por cortes comerciales que a momentos parecen oblicuos, hasta que se mezclan uniformemente con la línea melódica de algún tema. La figura de villanía que caracteriza a Dumile es alimentada y enaltecida, como en sus trabajos anteriores e incluso Madlib presenta a su alter ego: Quasimodo. Esto solo añade al misticismo detrás de un álbum que juntó a dos figuras de por si eclécticas en sus propuestas de expresión musical.
Aun sin coros, ganchos o puentes el álbum nunca te suelta. Esto es gracias a que el inquebrantable estilo de rap de Dumile y su poderoso lirismo que se entrega con su nitidez habitual. Este es posicionado en el centro por los ritmos y la producción, texturizadas por el uso intensivo de atractivos samples de Madlib, por más que a veces suenen alienados de todos y todo. Y es por todo esto que Madvillainy es un trabajo no solo esencial en el siglo XXI, también es una pieza notable, única e irrepetible de música en 22 temas que retrata una conexión entre dos caleidoscópicas mentes: el arte sonoro franco pero matizado de Madlib y el flujo de conciencia desarraigada de DOOM. Madvillainy es un viaje de hip-hop surrealista y provocativo inducido por el ritmo, hecho por dos artistas que pareciera solo se reunieron a pasarla bien y cuya naturaleza inherentemente vigorosa es ineludible dos décadas después. Posiblemente lo será siempre.

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