
“Dame una razón para amarte, dame una razón para ser una mujer”. Vaya poema recita Beth Gibbons, en una oda a la experiencia femenina como ninguna otra en el panorama de la música de los 90s. Además de la suculenta exposición de Gibbons, una cantante inocua que imprime sentimiento a su voz que tiende a deformarse a mitad de una canción, el contexto de dicha oda es intencionalmente ominoso. Para cuando Gibbons llega al clímax, el escucha ya pasó por una oleada de emociones rodeadas de un género único en su clase: trip-hop.
Dicho poema llega al final de Dummy, el álbum debut de Portishead que fue lanzado en 1994, hace 30 años. El trío solo tiene tres LPs en 30 años de carrera y por lo que sabemos, siguen considerándose “juntos”, pero Dummy es una pieza esencial de su sub-género, de su época y de la música en general. La gloriosa canción que contiene la frase con la que abrí, ‘Glory Box’ cierra el álbum con uno de sus momentos más relevantes y reveladores, esto después de mostrar la habilidad del trío de crear atmósferas con un toque singular.
Dummy destaca además por ser la pieza que dió a conocer a Portishead y los definió al mismo tiempo. El trip-hop con sus ritmos texturados, sintetizadores oscuros y ocasionales rasgadas de discos (sí como de DJ) resulta compacto e inmediato en manos de Geoff Barrow y Adrian Utley. Las canciones, aunque perfectas para la banda sonora de un camino nocturno por una sociedad decaída fomentando reflexiones de auto-consciencia, pueden llegar a ser hermosas y memorables. La previamente mencionada ‘Glory Box’ es una de los máximos exponentes de esto.
La apuesta del álbum es obvia desde que abre. ‘Mysterons’ plantea la atmósfera: los ritmos inocuos pero apremiantes, la dulce voz de Beth Gibbons, la escasa instrumentación. La producción 30 años después no suena anticuada, al final el interés del desarrollo del trip-hop siempre fue de sonar aislado y esta estética se mantiene vigente y pocas cosas en la actualidad suenan siquiera parecido. En este caso es obvio que las intenciones de que la producción estuviera a cargo de Utley es que el trio mantuviera absoluto control y se nota en su sinergia y la cohesión de todo Dummy. El álbum hace gala de su minimalismo introduciendo solo algunos samples, más notablemente en ‘Glory Box’, ‘Sour Times’ y ‘Strangers’. Al final Portishead decide mantener las cosas entre sus tres miembros y necesitan poco más.
‘Sour Times’ es una canción que demuestra afecto y el sentirse amado de una manera surreal. Es uno de los momentos más prominentes del álbum, además de su tercer sencillo. “Nadie me ama, es verdad, no como tú lo haces”, recita Gibbons, su entrega denotando una especie de sorpresa al sentirse de esa manera, como si su propia introversión le impidiera asumir que merece ser amada así. Los sentimientos que afloran a lo largo del álbum parecerían siempre venir directamente de su narradora, sin embargo, lo que hace Dummy un trabajo singular es la mezcla de esto con una exploración musical, que si bien se sostiene sobre un enfoque frugal en su creación, no deja de ser texturada tanto temática como instrumentalmente.
Dummy es entrañable justamente porque juega sus cartas a su manera, nunca abandona su motivación y sus matices. Beth Gibbons, Adrian Utley y Geoff Barrow marcaron una época, algo que se ha dicho un sin fin de veces, pero su álbum debut demuestra que viven en un universo propio, siendo esta grabación su particular big bang. La más cercana evidencia que tengo de su innegable vigencia es el hecho de que apenas lo escuché completo hace tres años. No solo no puse en duda su relevancia, si no que además se volvió adictivo, Dummy puede escucharse con frecuencia, es un acompañante en la alienación, como un libro corto pero de inmensa profundidad.
Portishead es un grupo que se distingue también por tener únicamente tres LPs a su nombre, colaborando poco fuera de ello, (Beth Gibbons apenas lanzó su álbum solista debut este 2024). Los sucesores de Dummy, Portishead y Third, fueron casi igualmente recibidos por la crítica y el público, se podría decir que su discografía es inmaculada porque aún el otro lanzamiento, el álbum en vivo Roseland NYC Live, es una suculenta grabación en la que el grupo complementa sin mácula sus canciones con instrumentos de orquesta. A todo esto, se podría decir que el trío podría darnos aun más, si es que esa exigencia nos corresponde. Pero eso es justo lo que Dummy tiene como tesis: henos aquí, creando una grabación tan fascinante, una singularidad musical que marcó una época sin mucha parafernalia; un trabajo sin fecha de caducidad que incluso en un distópico futuro podría ser producto de alabanza. Definitivamente, nada se escucha como Dummy.

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