Yo me fijo mucho en las voces cuando escucho música. Fuera de que una vez que empecé este blog me empecé a fijar en elementos no tan tangibles de la misma, siempre me fijé en la voz. Ésta puede darle presencia, calidez, personalidad y dinamismo a una canción que puede no ser necesariamente vanguardista o adictiva. Sin embargo, la ausencia de la voz puede también ser una decisión artística tan valiosa que realmente pone en entredicho mis expectativas, o la estructura musical en general. No es nada nuevo: la música clásica se considera la base histórica de este arte como lo conocemos hoy en día, y la mayoría de esta es instrumental.
Artistas de todos orígenes han decidido hacer música sin voz ni letra de muchas diferentes maneras: sonidos electrónicos, distorsión de samples, incluir orquestas en música popular, sonidos ambientales tan amorfos que ni música parecen. Mi solemne inmersión en la música electrónica en 2024 se ve reflejada en la mayoría de los 10 álbumes a continuación. Encontré formas musicales tan envolventes y entrañables que mi exploración se iluminó como no lo había hecho en los últimos años. Y sí, estos álbumes solo son una muestra, con uno que otro gran descubrimiento de otros géneros, de todo el mundo musical electrónico que empecé a descubrir; uno que tiene años de desarrollo, ramificación y experimentación. No hablaría tanto de como me marcó en 2024 si no fuera porque me agarró totalmente desprevenido y me maravilló durante estos 365 días como nunca me imaginé.
Espero disfruten de todas estas altamente recomendadas grabaciones.

The Awakening de Ahmad Jamal Trio (Impulse! – 1970)
“Este álbum ha tenido influencia en la escena del hip-hop” dice el artículo de Wikipedia de The Awakening, una grabación de 1970 del pianista Ahmad Jamal, en conjunto con el bajista Jamil Nasser y el baterista Frank Gant. Esta aseveración podrá o no ser precisa, pero The Awakening no deja de ser una grabación excelente de hard-bop, una de las pocas que escuché por primera vez este año. Incluyendo dos composiciones de Jamal y estándares de jazz escritos por Herbie Hancock, Antonio Carlos Jobim, entre otros, la dinámica del trio y la virtuosidad de Jamal le dan a este álbum un toque particular que destaca entre una discografía extensa. En su momento no fue tan reconocido, pero justamente el uso de samples de The Awakening en álbumes de hip-hop de los 90s atrajo atención nuevamente a un trabajo jazzístico muy bien logrado, que definitivamente la merece.

Ambient 1: Music for Airports de Brian Eno (E.G. / Polydor – 1978)
Si te ha interesado la historia de la música popular de cualquier forma, probablemente sepas quién es Brian Eno. Un músico extraordinario que formó parte de la banda de glam rock, Roxy Music y que más tarde se convirtió en una leyenda al liderar lo que se conoce como “música ambiental” en los años 70 y, en última instancia, estar al mando como productor de varias grabaciones reconocidas de los años 90 y 2000. Ambient 1: Music for Airports no es la primera incursión de Eno en este estilo de música, pero se le atribuye el mérito de ser el primero en utilizar el término “música ambiental”. (Cabe mencionar que este álbum es probablemente influencia de varios que conforman esta lista). Para describirlo, no puedes equivocarte con sus notas originales que dicen que la música ambiental “debe poder adaptarse a muchos niveles de atención auditiva sin imponer uno en particular; debe ser tan ignorable como interesante“. En un afán de ser tan fiel a la intención como pude, escuché al álbum por primera vez en el aeropuerto de la CDMX. A momentos me perdía, incluso aunque intencionalmente solo estaba sentando contemplándolo, pero una vez que terminó desee que Ambient 1: Music for Airports durara para siempre.

Midtown 120 Blues de DJ Sprinkles (Comatonse – 2014)
“Hacerlo tu mismo” se convirtió también en un procedimiento industrial. ¿Cuál sería el chiste de que grupos marginados hagan florecer arte valiosa desde su posición que, intuiríamos, impacte la creatividad, si su arte sería raptada por una industria que solo busca vender? La obra maestra de Terre Thaemlitz, Midtown 120 Blues, su debut como DJ Sprinkles, es deep house, pero más bien es house, puro y primordial. Thaemlitz establece la tesis desde el inicio: “House no es tanto un sonido como una situación.” El house viene de abajo, de clubes queer en Nueva York, de artistas que encontraron en esta expresión electrónica una trinchera más para su liberación. La música es tan etérea como apremiante. El sampling es itinerante, siempre haciéndote pensar que hay una protesta de por medio, pero siempre parece escaparse. Pero no necesitas encontrarla, Thaemlitz te lo explica todo en varias de las canciones. Midtown 120 Blues no solo es una escucha esencial, el escucharlo fue una experiencia totalmente diferente. Terre misma te envía el CD, envuelto con sus manos, desde su residencia en Japón. Me hizo recomendaciones por correo para quemarlo, es explícita y clara en sus razones por las cuales no permite que su música esté ni siquiera en YouTube. Y al final, el que habla es el álbum, house desde abajo y para todos, sin tapujos ni explotación. Todo a 120 latidos por minuto.

From Here We Go Sublime de The Field (Kompakt – 2007)
No hay mejor manera de describir el primer álbum de The Field, que usando el adjetivo que se encuentra en su título. Este conjunto de 10 piezas de texturado techno es sublime. El proyecto del sueco Axel Willner ha sido aclamado a lo largo de sus seis lanzamientos, pero por más que todos establecen el caso de Willner como un músico electrónico extraordinario, ninguno es más esencial que From Here We Go Sublime. Su utilización ampliamente manipulada de samples de diferentes artistas crea una combinación etérea que se beneficia de la repetición. La aclamación que recibió al instante de su lanzamiento es completamente justificada: From Here We Go Sublime puede llegar a tener un impacto ensordecedor en tu primer acercamiento. Sin embargo, adicionales visitas revelan detalles debajo de las densas capas de instrumentación y producción, revelando la belleza de From Here We Go Sublime, que parece crearse de la nada.

Immunity de Jon Hopkins (Domino – 2013)
El álbum que Jon Hopkins lanzó el año pasado, Ritual fue parte de una experiencia sensorial en la que disfrutabas la música en una ambientación especial con los ojos tapados. Pero la cuestión que lo hizo tan emocionante fue que Hopkins en realidad tiene experiencia en esto. Su primer lanzamiento más notable fue Immunity de 2013 y desde ese momento la música de Hopkins ya desafiaba la realidad y el espacio-tiempo con destreza. Esa es una de las razones por las que Immunity es un álbum esencial y una de mis más grandiosas experiencias de este 2024. Lo escuché también mientras corría, y aunque sus ritmos no podrían ser tan estimulantes para dicha actividad, si son para concentrarte en ella o distraerte mientras logras esa distancia. Desde exuberantes bajos, con percusiones futuristas hasta melodías entrañables que bien podrían ser la banda sonora de un documental sobre la naturaleza, Immunity es calma y tormenta, un trabajo electrónico como pocos que premia con creces la inmersión absoluta.

Kiasmos de Kiasmos (Erased Tapes – 2014)
El trasfondo ambiental de la serie Vikings es a veces uno de los máximos contribuyentes a lo atractiva que resulta de ver. Los fiordos, las montañas nevadas de Escandinavia y los bosques invernales resultan el perfecto escenario para el drama de la vida de Ragnar Lothbrok y sus hijos. En 2024 por fin empecé la serie, después de recibir la recomendación de varias personas, 11 años después de su lanzamiento. También, 10 años después de que saliera, escuché Kiasmos el álbum debut del dúo homónimo, después de shazamear ‘Lit’, su magnífica primera canción. Kiasmos colecciona ritmos y sonidos electrónicos, combinados con inocuos arreglos de cuerdas que bien podrían representar la fría y ríspida Escandinavia. Y tiene sentido: Kiasmos está formado por Ólafur Arnalds, el celebrado compositor islandés y Janus Rasmussen, un artista electrónico de las Islas Faroe. Hace 10 años tomaron por sorpresa la escena electrónica con un álbum que la eleva, la trasciende y la embellece, todo al mismo tiempo. Kiasmos es interesante y texturado, enérgico pero relajante, astuto y atractivo; es una pieza esencial de música que corre por tu espina vertebral como el frío nórdico y es infinitamente seductor, algo así como la historia de Vikings.

Clube da Esquina de Milton Nascimento & Lô Borges (Odeon – 1972)
Sonidos misceláneos y composiciones eclécticas conforman este álbum doble, un lanzamiento esencial de la música latina y brasileña que fue escrito durante e inspirado por la dictadura militar en Brasil. Clube da Esquina fue producido por un colectivo musical brasileño que lleva ese mismo nombre, liderado por Nascimento y Borges, sus principales compositores. Sus melodías y combinación de ritmo no parecen envejecer y son igualmente disfrutables 52 años después. Acercarse a Clube da Esquina por su rol “canónico” en la música popular de la región puede ser engañoso; es un trabajo esencial en este panorama, sobre todo tomando en cuenta lo punzante que resulta en su contexto sociopolítico, pero también es mucho más que eso y la mejor forma de darte cuenta es dejándote llevar por su brillantez inigualable.

Pacifica de Segue (Silent Season- 2013)
Probablemente no necesite escuchar nada más. Me quedaré encerrado en el mundo de Pacifica para siempre y nunca volveré. ¿Por qué no flotar en su marea de sintetizadores? ¿En la odisea que resultan sus melodías inocuas, impulsadas por ritmos neblinosos? ¿Para que salir del mundo que crea Jordan Sauer, un artista electrónico canadiense tan enigmático como el tema de su música? Irónicamente, al mismo tiempo, después de varias pasadas, me di cuenta que quería más. Mejor seguir buscando, mejor seguir encontrando música como Pacifica. La exploración nunca acaba y siempre me puedo encontrar un álbum como este que, tan envolvente como hechizante, se convierta en una escucha esencial en 2024 (mi favorita, en este caso) o en cualquier otro año. Larga vida a Segue. Larga vida a la música.

The Magnolia Electric Co. de Songs: Ohia (Secretly Canadian – 2003)
Jason Molina, cantautor que grababa como Songs: Ohia, murió trágicamente en 2013, 10 años después del lanzamiento de su más aclamado álbum y el último que grabaría como Songs: Ohia, The Magnolia Electric Co. (Al mismo tiempo el nombre de su subsecuente banda). Los respectivos aniversarios de ambos eventos en 2023, generaron un discurso en mi feed de Twitter que picó mi curiosidad. ¿Un álbum aclamado y lanzado en la época clásica del indie-rock que me pasó desapercibido? ¿Y gente que comparte gustos similares conmigo dicen que contiene una de las mejores canciones, punto? ‘Farewell Transmission’, la canción en cuestión que además abre el álbum, definitivamente sirve como la perfecta tesis para un trabajo de Americana como este. Narración detallada, estructura bluesera e instrumentación texturada son lo que caracteriza a The Magnolia Electric Co. En estos tiempo es difícil lidiar con amar un trabajo intrínsecamente estadounidense, pero eso es justo el punto de la cultura musical de ese país: Jason Molina nos dejó este trabajo a pesar de y no como consecuencia del contexto social en el que se creó. AL final, el impulso que le dan sus inolvidables melodías y espléndidas narrativas es simplemente inescapable.

Private Paradise de Space Ghost (Pacific Rhythm – 2022)
Entre toda esta exploración de la música electrónica, me he interesado lentamente por la música que suena, por falta de una palabra mejor: retro. Música que te recuerda suave pero firmemente a los VHS, a la música de espera en las líneas telefónicas o a la música de fondo de ciertos programas de televisión o (me arrepiento de haber pensado esto) de elevadores. Nada de esto socava o minimiza las canciones de un álbum como Private Paradise de Space Ghost, una grabación que se describe perfectamente por su título. Este paraíso resulta enriquecedor, la música que bien podría utilizarse para entrar en un modo “zen” también tiende a producir un estado de sentirte en el presente cuando te entregas de lleno. Lo más importante es que Private Paradise es muy fácil de abordar en repetidas ocasiones, llevándote algo contigo cada vez.

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