10. A Danger to Ourselves de Lucrecia Dalt (RVNG)

¿Quién dice que los blues no pueden venir de Latinoamérica y desafiar estructuras e intenciones? Lucrecia Dalt es una músico experimental colombiana que ha hecho evolucionar su arte desde ritmos de música electrónica dance a algo más abstracto y conceptual. A Danger to Ourselves es un conjunto de rarezas sonoras, canciones que se vuelven más inexpugnables conforme intentas acercarte a ellas, las cuales aun así dejan ver el corazón que tienen detrás por medio de los surreales pero memorables cuestionamientos de Dalt. Mencioné el blues porque Lucrecia, en su expresión y construcción, utiliza ritmos y estructuras dignos de ese género, tan así que me recordó al gran Tom Waits y al mismo tiempo pensé en el tema de la serie Vikings de Fever Ray. Ciertamente es satisfactorio encontrarte con un álbum como A Danger to Ourselves, que sintetiza influencias inesperadas, combinándolas para crear una grabación renderizada a través de una visión sudamericana, singular y cautivadora.
9. Forever Howlong de Black Country, New Road (Ninja Tune)

No hay manera de asumir que Black Country, New Road, un sexteto inglés de rock progresivo (experimental, folk, no sé) terminaría separándose después de que su principal cantautor abandonara el grupo. A su vez, no había manera de predecir que su reinvención estaría tan llena de color y textura, que dejarían de lado parcialmente la escena de post-punk en la que eran encasillados, por un espectro en el que comparten más similitudes con bandas como Fairport Convention o The Decemberists. Tal vez, ese siempre fue el punto. Forever Howlong, su tercer álbum de estudio, suena a nuevo comienzo, o suena a la preparación de este; el momento justo antes de decidir cuál es el nuevo camino. Reitero, con Black Country, New Road, no hay manera de predecirlo. Escuchando el álbum, lo único que quiero resaltar es que está tan bien logrado (es su tercera vez en mi top 10) que esperemos sigan haciendo música por muchos años, cambios o no.
8. choke enough de Oklou (True Panther Sounds)

Si algún tipo de música definió mi 2025, fue aquella que prioriza el minimalismo y hacer menos con más.choke enough, el brillante álbum debut de la cantautora francesa Oklou, es un ejemplo de cómo aprovechar los elementos más esenciales para crear música pop expansiva y envolvente. Podría definirse como bedroom-pop; una experiencia introspectiva que, no puedo evitar pensar, está hecha a medida para las mentes sobre-expuestas a internet de la Generación Z.
En una entrevista, Oklou mencionó que álbum lidia con “la búsqueda de significado”. En el álbum presenta un trasfondo futurista influenciado por el hyper-pop y el vaporwave, que generan esa penetrante sensación de nostalgia por algo que realmente no puedes recordar. Esto se combina ingeniosamente con la cercana y conmovedora entrega vocal de Oklou, que hace fácil volver a choke enough e intentar materializar el significado por más lejano que pueda parecer.
7. Instant Holograms on Metal Film de Stereolab (Duophonic UHF / Warp)

Al estar haciendo la lista llegué a una sencilla conclusión: en lo que a los “cánones” del rock se refieren, Stereolab es el único acto/banda incluido que podría llamarse de legado. Esto, me parece, responde a dos cuestiones importantes. Primero, la música que está siendo lanzada hoy en día es tan esencial como mucha (o toda) la música popular considerada histórica por los puristas. Y segundo: Stereolab es, podría decir, mi banda de rock favorita.
Esto se confirmó con su undécimo álbum de estudio, Instant Holograms on Metal Film, lanzado 15 años después de su predecesor (la gira de este álbum también me permitió verlos en vivo por primera vez). Este lanzamiento es un suculento resumen de todo lo grandioso que caracteriza a Stereolab como banda: un conjunto de canciones de art o post-rock (o como gusten llamarle), que hacen ver fácil la aventura de equilibrar un sentido agudo por melodías indelebles y experimentación instrumental. Instant Holograms on Metal Film no necesita mucho más que hacer honor al gran legado de Stereolab, una banda que no se fue en realidad, pero da un placer innegable volver a disfrutar en toda su esencia a través de nueva música.
6. The Passionate Ones de Nourished by Time (XL)

Ya se está volviendo costumbre que un álbum de esta índole aparezca en mi top 10. Neo-soul pasional, R&B para el siglo XXI; una versión completamente ligada a la era de la internet de música que era común en la década de los 70. Pero Marcus Elliot Brown, el artista que compone como Nourished By Time, sabe perfectamente que puritita nostalgia no es el chiste. En apenas su segundo álbum, Brown parece haber dominado el balance entre encontrar lo que el siglo XXI demanda de un género que tiene conexiones con el jazz y la música disco. The Passionate Ones es una tesis de deseo, amor, la influencia fisiológica de las emociones, y como experimentar todo esto con la presión existencial de la vida en el capitalismo tardío.
La música es tan llamativa que estoy completamente de acuerdo con un aseveración que leí por ahí de que el sencillo “9 2 5” hubiera sido un éxito de ventas en un mundo justo. Claramente no vivimos en dicho mundo, pero vale la pena perderse en The Passionate Ones: un álbum que nos ayuda a reflexionar sobre la realidad mientras nos invita a disfrutar de ritmos bailables, líneas de bajo que te recuerdan pantalones acampanados y en general, que de todo esto, siempre puede salir música tan conmovedora como en los “viejos tiempos”.
5. How You Been de SML (International Anthem)

Jazz. El amanecer y el ocaso de la música popular. La construcción definitiva de sonidos que pueden parecer aleatorios, pero no lo son. El listón más alto con el que a veces se mide la expresión musical. El género que quizá creamos que todos conocemos, pero cada año llegan músicos que usan herramientas inesperadas para destruirlo y reconstruirlo. ¿Quién sabe si algún día lo entenderemos? Mientras tanto, tenemos obras como How You Been de SML.
SML es un quinteto de Los Ángeles formado, así como las notas del jazz, de manera espontánea. SML está compuesto por la bajista Anna Butterss (quien también tocó en uno de mis álbumes predilectos del año pasado, en el cuarteto de Jeff Parker), el sintetista Jeremiah Chu (apareciendo por segunda vez en esta lista), el saxofonista Josh Johnson, el percusionista Booker Stardrum, y el guitarrista Gregory Uhlmann. How You Been es el segundo álbum del quinteto y ahonda en la misma experimentación: grabaciones improvisadas en vivo del grupo, editadas con posproducción y secuenciadas de manera excepcional. Gracias a este método, la musicalidad de SML, y la construcción maravillosa de sus canciones, How You Been baila con fervor sobre la línea entre la meticulosidad de su producción y la libertad de su ejecución.
4. Tranquilizer de Oneothrix Point Never (Warp)

Nunca he dudado de investigar exhaustivamente a un artista, y si este tiene conexiones con música u otro producto artístico que me gusta o conozco. En 2025 no hubo mejor ejemplo que Daniel Lopatin, un músico electrónico estadounidense lanzando música como Oneothrix Point Never desde el 2007. Lopatin no es solo influyente en la música electrónica per se, se le considera también precursor del género sensación del internet conocido como vaporwave. Lo que caracteriza a ese género, la mayoría de la discografía de Lopatin y específicamente su onceavo álbum, Tranquilizer, es la utilización de grabaciones antiguas de música, televisión o similares, reconstruidas de manera que sean irreconocibles y armadas ingeniosamente para componer una canción, añadiendo adictivos y meticulosos toques de producción.
Tranquilizer es el primer álbum como tal que escucho de Oneothrix Point Never. Y es realmente una experiencia acercarte por primera vez a la música de un reconocido artista del cual has oído hablar por años. Naturalmente, mi acercamiento al mundo de la electrónica incrementó las apariciones de Lopatin en mi feed y también saber que ya había escuchado música de Lopatin a través de la banda sonora de la excelente película de los hermanos Safdie, Uncut Gems. Tranquilizer es todo lo que esperé de Oneothrix Point Never, un conjunto de sonidos que en su aparente aleatoriedad presentan música fundamental pero como la gema que obsesiona a Howard Ratner, no puedes estar seguro si realmente viene de este mundo.
3. Lotus de Little Simz (AWAL)

En 2025, fue realmente difícil no cuestionarlo todo. La decadencia de la sociedad permea más que nunca todo lo que creíamos intocable y el mundo parece intencionalmente estar perdiendo sentido. Poner bajo la lupa la sociedad y nuestra interacción con ella no es nada nuevo para Simbiatu Ajikawo, la artista londinense de rap y hip-hop mejor conocida como Little Simz. Para mi, esto es evidente desde su reconocido lanzamiento Sometimes I Might Be Introvert (2021). Por suerte, Little Simz no ha quitado el pie del acelerador y tanto No Thank You (2022) como ahora Lotus son álbumes que ahondan en la crítica social británica que ha resultado tan mordaz y entretenida.
Lotus incluye y prioriza también las perspectivas de la vida de Simbi: por ejemplo, el hecho de que su anterior productor, quién colaboró con ella en todos los álbumes previos a Lotus, no le devolvió un préstamo de 1.3 millones de libras. Esto la hace ser aun más incisiva en las deficiencias de la vida, que se añaden a una crianza humilde y la incesante búsqueda de libertad genuina desde que inició su carrera artística. Little Simz no duda en pasarla bien en Lotus: enfatiza las cosas que ama, las que la han traído hasta aquí y el poder ver que encontrar la luz no solo es posible, está realmente a su alcance. Todo esto es engrandecido con música intricada con influencias de jazz, que incluye coros, versos invitados idóneos, baladas acústicas y elementos orquestales. Esencialmente Lotus es un álbum de gran escala que intenta dar sentido a la carrera de una artista que en el desasosiego deja claro: rendirse es la última opción.
2. Getting Killed de Geese (Partisan)

Es como si algunos de nosotros lo estuviéramos esperando con fervor. No es que Geese no estuviera ya generando suficiente expectación con sus entretenidas canciones de rock y sus interesantes conciertos, pero el camino hacia Getting Killed generó una especie de entusiasmo o “glaze” (para la Generación Z, supongo) en niveles imprevistos al menos un año antes de su lanzamiento. Además, a raíz del lanzamiento del álbum en solitario de su vocalista Cameron Winter en diciembre de 2024 (más sobre este pronto), Geese pasó rápidamente de ser una banda emergente que preparaba su próximo lanzamiento a un acto con alto escrutinio de su siguiente movimiento. La clave aquí es que la música lo vale.
Es el lamento al que evolucionó la voz de Winter a comparación los aullidos de rock clásico de 3D Country. Son los pasajes instrumentales que recuerdan a Radiohead y New Radicals al mismo tiempo (los segundos fueron versionados recientemente por Geese en una interpretación sorprendentemente ad hoc de “You Get What You Give”). Es la incesante sensación de familiaridad en pasajes de Getting Killed que se combina con un enfoque original en la construcción de canciones y la melodía, encabezada por una voz única entre sus pares y con la base del rock en su forma más desenfadada. Rock conectado con el pasado y con el presente, ese que siempre da placer volver a reproducir.
1. Stochastic Drift de Barker (Smalltown Supersound)

En un curso en el trabajo escuché la palabra “estocástico” por segunda vez en el año y mi vida tal vez. La primera fue en el título del segundo álbum de estudio del DJ y productor inglés Sam Barker, Stochastic Drift. Barker reside en Berlín y es DJ regular del club Berghain y su música es informada e inspirada en la bulliciosa escena electrónica característica de la capital alemana. Además, en el contexto de incertidumbre en su vida, exacerbado por la pandemia, el proceso con el que Barker creó Stochastic Drift resultó en el dejarse llevar por el proceso en vez de establecer expectativas que, a largo plazo, no funcionaran en detrimento de las canciones. En este sentido, el título es apto.
Un proceso estocástico está compuesto por variables aleatorias en un campo probabilístico. Su “deriva” (drift) es la tendencia predecible con la que dichas variables aleatorias cambian. Al deshacerse de la expectativa en su composición, Stochastic Drift demuestra que Barker decidió dejar fluir el proceso aleatorio, y en el ínter encontró la deriva que buscaba. Todas las pistas aquí reflejan soltura y dinamismo, los mismos beats parecen generarse inesperadamente desde el silencio. Al mismo tiempo, se benefician de una densa atmósfera que a momentos engulle al álbum por completo. Es altamente adictivo.
Finalmente, me perdí en él. Me dejé llevar por un álbum que me atrajo por su portada, su nombre, recomendaciones de gente que sigo en Twitter y mi reciente exploración de la electrónica. Estoy tan satisfecho con que uno de los primeros álbumes en esta exploración que escucho recién lanzados es fantástico. Stochastic Drift presenta un balance sublime de todos los elementos que he admirado hasta el momento en el género: sintetizadores cósmicos, momentos de belleza ambiental, beats adictivos y prominentes, la adición puntual de una batería jazzística; una construcción progresiva que lleva notas sencillas a temas que te hacen sentir que viajas a velocidad warp. El metafórico no solo soy yo, aquí las referencias a astrofísica son sutiles pero existentes, está “Fluid Mechanics” o, mucho más adecuadamente, “Cosmic Microwave”; como si el universo matemático fuera la musa del proceso creativo de Barker. Y así como la radiación cósmica de microondas que rodea el universo observable, Stochastic Drift llenó todos los espacios en 2025 y se convirtió en mi álbum favorito del año.


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